Negocio turístico sobre todo!!


Una de las máximas del turismo es la rehabilitación y la recuperación de los recursos culturales y naturales del planeta, no obstante en nombre del turismo en multitud de ocasiones el “todo vale” (por un puñado de €), desbanca a la ética y a la sostenibilidad.

Tenemos que ser conscientes del compromiso de la población local con los recursos de su entorno, son ellos los más interesados en recuperar y rehabilitar estos recursos, y ellos deben ser los gestores de los mismos, de manera que esta actividad turística, además de respetuosa con el entorno y los seres que lo habitan, de la oportunidad de contribuir al desarrollo sostenible de todos.

A continuación os facilitamos un artículo sobre lo comentado:

África es el mundo al revés. Cuando paramos en el mercado de Fort Portal para comprar fruta, los niños nos persiguen y nos rozan la piel con curiosidad. En los puestos las vendedoras nos gritan ¡muzungu, muzungu! (¡blanco, blanco!) y nos hacen posar en formación balonpedista para sacarnos fotos con sus teléfonos móviles.

En el extremo suroeste de Uganda se encuentra el Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi junto a la frontera con la República Democrática de El Congo y Rwuanda. Toda esta zona montañosa a los pies de los volcanes conocidos como Virunga cuyas cimas superan los cuatro mil metros, es el hábitat de 786 gorilas de montaña. Desde que Diane Fossey comenzó su protección en 1966 hasta su posterior muerte a machetazos en 1985 en su centro de investigación, el negocio de los gorilas de montaña ha cambiado de rumbo. Primero era la caza furtiva para obtener pieles, cabezas, manos para utilizarse como ceniceros o crías para recluir en los zoos europeos y norteamericanos. Hoy en día es la visita de los mismos animales semidomesticados en su hábitat natural.

Desde el comienzo de la visita el día está marcado por un tufo vergonzosamente comercial. El ranger del parque da una charla introductoria en la que anima a aquellos que carguen mochilas de más de dos kilos a contratar un porteador. Una mochila de dos kilos, dice, se convierte en 10 después de tres horas de caminata. También publicita los servicios de otro grupo que te puede llevar hasta lo más profundo del bosque cargándote sobre sus espaldas. Habla de la necesidad de dejar un dinero para la “conservación” de los gorilas (solo le falta decir: para pagar sus estudios). Ofrece cartulinas plastificadas a unos pocos dólares con los retratos y los nombres de todos los miembros de cada familia. Tantos son los servicios ofrecidos que uno de nosotros le pregunta si podemos contratar unos cómicos y unos músicos que nos amenicen la caminata.

Mientras los gorilas viven como nobles adormecidos por la endogamia en la espesura del bosque, cercándolos está el paisaje más mísero que hemos visto en el país. Niños semidesnudos y mal nutridos, mujeres desdentadas que alargan la mano, hombres descalzos que chapotean en el barro de las laderas por cultivar. Curiosamente, en la zona más turística de Uganda, los 500 dólares que debe pagar cada día el turista por ver a una familia de gorilas durante una hora, se desvanecen sin llegar a la población local.

Un grupo de rangers ya se encuentra con nuestra familia, los abinyanya, y da direcciones al guía por la radio. Imaginamos a los rangers enfundándose sus disfraces de gorilas, cerrándose unos a otros las cremalleras y mirando una cartulina plastificada con las fotos y los nombres de los turistas que les vamos a visitar hoy.

Alguien cuenta un chiste sobre un tipo que fue a ver a los gorilas de montaña. Al parecer un macho de 250 kilos le dió por el culo entre las lianas. Su amigo le pregunta: ¿Estarás jodido no?. A lo que el damnificado responde: estoy destrozado… no me llama, no me escribe…

Cuando encontramos a los primates retozando en la selva, los rangers nos apartan las ramas a machetazos para que les podamos fotografiar sin obstáculos. Están tumbados, comiendo hojas, peleándose o simplemente rascándose la barriga, ajenos a las hordas de turistas vestidos de Coronel Tapioca que les ametrallan con sus objetivos. Los más jóvenes se golpean el pecho bajo una secuencia de golpes del ranger, el macho descansa aparte. Arreciadas por una tormenta de obturadores que se abren y se cierran (como si no hubiésemos vista nunca un gorila), las hembras  se despiojan y se tiran largos y sonoros pedos. Uno de los machos jóvenes se sienta mirando a la espesura del bosque dándonos la espalda, como si pensase: hoy no me apetece trabajar. Coincidimos en el 98,4 de nuestro código genético con estos nuevos actores de los bosques de la montaña ecuatorial.  Observándoles, me doy cuenta de que cuatro millones de años de evolución nos han llevado a peor: viven mucho más plácidamente que nosotros.

Fuente: Simón Elias

Acerca de TurismoResponsablebyAgrotravel

*Member of Board of Directors Of Global Sustainable Tourism Council GSTC. *Member of Board of Foundation for European Sustainable Tourism FEST. *International associate director of the Center for Research, Development and Innovation in Tourism CIDTUR (Perú) *Manager Director of Agrotravel Turismo Responsable, Green Euskadi andTotonal Viajes que iluminan -México- *Speaker at Conferences, Sustainable Events Management, Workshops and Meetings to promote responsible and sustainable tourism *Consultant and trainer in responsible and sustainable tourism area.

Publicado el 06/03/2012 en IMPACTOS DEL TURISMO y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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